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Dentro de diez años

Resulta vertiginoso tratar de imaginar como será nuestro entorno dentro de diez años, cómo seremos nosotros mismos. Diez años es un periodo que parece insignificante en cierta manera pero por otra parte puede ser brutal. Por ejemplo, puede que estemos viviendo en otro pais, puede que hayamos cambiado de trabajo o que lo hayamos perdido, puede que hayamos cambiado de forma de pensar o nuestras creencias por alguna nueva evidencia científica... Con toda seguridad nuestro entorno emocional será distinto, quizá estemos con otra pareja, quizá algún amigo haya fallecido, o algún pariente cercano..., puede que nosotros mismos estemos enfermos o hayamos muerto en diez años, o menos; es posible. Se pueden recordar todas estas posibilidades para ser conscientes de la impermanencia del momento presente. Todo instante está ligado con la posibilidad de una despedida.

Vivir en la molestia

Nótese que escribo vivir en y no vivir con la molestia. Vivir con ella implica algo de sufrimiento deseado; es un concepto un tanto occidental, se busca una cierta redención a través de la molestia. Sin embargo vivir en ella conlleva una experiencia completa de la misma, una identificación con su proceso. Nuestra reacción habitual a la molestia se da en dos tiempos. Uno proyectado hacia el futuro por el que queremos deshacernos de algo desagradable a toda costa: queremos que lo molesto pase y tratamos de acelerar el proceso. Otro proyectado hacia el pasado, por el que nos arrepentimos de haber “adquirido “ tal molestia y renegamos de las decisiones tomadas. Pero además de esos dos tiempos existe una tercera via que estaría en aceptar la realidad (agradable o no) y vivirla como un evento que nos posiciona, casi inevitablemente - por su intensidad y ardor-, en el presente, tomando responsabilidad sobre lo que (nos) acontece.

Lost in translation

Dejar caer telones de identidad que protegen no se sabe muy bien el qué. Quizá sí se sabe pero la dificultad está en que no somos capaces de mirar aquello que se guarda con tanto celo. Es algo íntimo, vulnerable, desnudo; nos averguenza, no porque sea imperfecto o insuficiente sino porque es absolutamente común pero a la vez natural y fresco, como el agua que corre en un riachuelo. Paradójicamente lo que consideramos tan íntimo y verdaderamente nuestro es algo que está presente de un modo idéntico en cada uno de nosotros. Lo que llamamos identidad individual es un "defecto de traducción", una resistencia inmanente que el individuo tiene para expresar la identidad de lo común.

Big Mind

Big Mind es un concepto valiosísimo que propone el maestro Zen Shunryu Suzuki*. Big Mind es diferente a Small Mind en el sentido en que ésta siempre entiende que los fenómenos presentan un afuera con el que ha de estar en constante fricción y oposición: yo contra el mundo. La Small Mind es el origen de toda dualidad. La Big Mind sin embargo lo incluye todo, a nosotros mismos y a lo que nos rodea, es lo mismo. No en el sentido de que no exista la realidad de los otros, o que todo sea una simulación tipo "Mátrix", sino en el sentido en que toda la producción sensible del mundo que experimentamos es nuestra responsabilidad puesto que está producida directamente a través de nuestra manera de ver, de pensar, de sentir. La relación gentil con los fenomenos y sensaciones que nos acontecen o con las que nos vemos expuestos es al fin y al cabo una relación gentil con nosotros mismos. *Shunryu Suzuki. Zen Mind, Beginner's Mind. Ed. Weatherhill. 

Peligrosidad

Buscamos lo familiar, lo que nos trae al recuerdo una experiencia ya vivida, que nos dice: esto eres tú. Aromas que resuenan en nuestra memoria incluso si ya no podemos identificar en qué momento del pasado los experimentamos. Combinaciones de colores, ciertos sonidos, ciertas texturas... Está tan instituida la búsqueda de lo familiar que silencia casi completamente todo lo demás, lo que es nuevo para nosotros y que evitamos por puro miedo a lo desconocido. Solo cuando lo nuevo tiene la intensidad suficiente para ponerse irremediablemente delante de nosotros como única opción es cuando lo experimentamos - no queda otra. Pero quizá sea esa punzante peligrosidad del ahora la que en última instancia pueda ayudarnos a revelar nuestro completo potencial humano.

Interdependencia

Vivir es un acto relacional. La idea de que mantenemos unas ciertas relaciones y no otras es una ilusión y además establece una parcialidad o limitación en nuestra existencia. Del mismo modo en que se habla del "miembro fantasma" cuando se produce una amputación esto sería justamente lo opuesto, una "amputación fantasma" el miembro está ahí pero pretendemos no verlo. Somos porque tenemos relaciones con lo que nos rodea y lo que nos rodea tiene una relación con nosotros. El reconocimiento de esa relación, o interdependencia, conduce a una existencia más plena.

Comunicación

Identificamos el acto de comunicar como la capacidad de transmitir un cierto mensaje con fidelidad y precisión. Pero antes de llegar a esta transmisión hemos de  trabajar con algo más general que es la comunicación en sí, un modo de relación con nuestras experiencias y pensamientos. Pensar es en este sentido un acto de escucha. En cualquier acto de comunicación auténtica se produce este movimiento: escuchamos a la situación para poder darle lo que necesita de nosotros.